Cosas que voy aprendiendo con la maternidad I: la conciliación familiar también es psicológica.

Con esta entrada empiezo una serie muy personal. Me apetece compartir algunas cosas que estoy aprendiendo como madre reciente y novata porque supongo que mi experiencia no es muy diferente a la de muchas otras madres, y a veces encontrar resonancia en las palabras de otro ayuda.  Desde que nació mi hija ha sido un aprendizaje continuo a la estela de su evolución.  Una evolución veloz sin fin que bien podría hacer esta serie inacabable. 

Quiero empezar por uno de los logros que más valoro: el abandono de expectativas, teorías, ideas, prejuicios, horarios, conocimientos previos…  Por mi profesión, había leído y estudiado mucho sobre el desarrollo, la crianza, el apego, etc., y sigo haciéndolo.  Estos conocimientos, junto con mi experiencia como hija, sobrina, nieta y hermana, habían creado todo un marco de referencia listo para dirigir cada una de mis decisiones y actos como madre.  Es decir, un montón de “hay ques”, de “lo mejor es…” y “lo peor es…”, y un listón muy elevado.  Ese marco de referencia se encontró entonces con la realidad: un bebé real y una mamá real.  A lo largo de estos meses he visto cómo algunas teorías y expectativas se cumplían y otras se mostraban totalmente inútiles.  Otras, simplemente, no encajaban.  En ocasiones me descubrí intentando que encajaran como fuese, por mucho sacrificio que conllevaran.  Estaba intentando “aplicar” lo que sabía a la realidad, en un proceso de arriba abajo (de la cabeza al terreno). 

La crianza va del vínculo que construimos con nuestros hijos. De lo capaces que somos de sintonizar con sus estados mentales, sentir con ellos, mentalizarlos y contenerlos. Acompañarlos en su angustia y en sus juegos.  Y para eso hay que estar presentes el mayor tiempo posible.  Ya está.  Atender, observar, mirar, escuchar, leer sus señales y las de nuestro propio cuerpo como caja de resonancia, momento a momento. Y elegir cómo respondemos, momento a momento.  Esto es un proceso que podemos llamar de abajo arriba (del terreno a la cabeza), y para mí es imprescindible.  Es después cuando lo podemos reflexionar con ayuda de esos conocimientos tan chulos que adquirimos en tal libro, en tal formación o en tal cuenta de Instagram.  Siempre sin interponerse en el proceso de abajo arriba.  

Pero hay otras muchas cosas que se interponen en la sintonización con nuestros hijos: nuestra necesidad de pensar, planificar, evaluar, analizar, informarnos; las necesidades relacionadas con el trabajo y la organización doméstica; la necesidad de sentirnos conectados con otros miembros de la familia, con amigos y con nuestro entorno más amplio.  Son necesidades que reclaman su dosis de atención.  Como ya he dicho otras veces, criar consiste en gestionar necesidades: decidir cuándo atender nuestras necesidades y cuándo las de nuestros hijos.  Y con ello, gestionar el flujo de atención y la culpa.  Todos sabemos, y más en esta época de teletrabajo, lo estresante y agotador que puede ser intentar hablar por teléfono, responder wasaps o emails o hacer la comida mientras nuestros hijos nos reclaman.  Nuestros recursos psicológicos, como la atención, son limitados.  Y de poco les sirve que estemos con ellos físicamente mientras estamos ausentes mental o emocionalmente.  También sabemos lo difícil que es sostener la culpa cuando los dejamos para ir a trabajar o descansar un rato.  Por eso cuando hablamos de conciliación familiar tenemos que hablar también de conciliación de necesidades y de conciliación psicológica.  

A veces nos enredamos en «tengo ques», como si algo o alguien nos obligara a hacer todo lo que hacemos cuando lo hacemos.  Sin embargo, son todo elecciones, algunas más conscientes que otras.  Traerlas a la conciencia y considerarlas como tal, nos da libertad y poder.  No es lo mismo decir «no puedo estar con mi hija porque tengo que trabajar» que «elijo trabajar en este momento para responder a mi necesidad de…».  O «no puedo responder este correo porque tengo que estar con mi hija» vs «elijo estar para mi hija en este momento».  Eso es para mí la conciliación familiar.

 

Imagen de Liv Bruce

 

  

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