¿Qué es la espiritualidad?

La espiritualidad es una dimensión universal propia del ser humano, que se ha abordado desde diferentes puntos de vista: filosófico, antropológico, cultural, religioso, psíquico, artístico, histórico, etc.  Todos los adultos, en una u otra medida, somos conscientes y nos relacionamos con algo que se escapa a nuestro entendimiento y a nuestro control.  Que a veces resulta terroríficamente aleatorio y caótico, otras abrumadoramente bello, otras ofrece cierto orden y paz.  

De adolescentes creíamos que lo sabíamos y lo controlábamos todo, y a veces esa grandilocuencia perdura en una parte de nosotros que se resiste a acoger la realidad.  De niños creíamos que eran nuestros padres los que todo lo sabían y podían.  Y también de eso queda algo.    

Pero a todos nos llega la hora.  La hora en que ese algo superior se hace evidente, en que ocurre lo incontrolable y nos da una lección de humildad.  Y nos enfadamos y nos rebelamos contra ello, hasta que caemos agotados y nos rendimos a la realidad.  Es entonces cuando podemos apropiarnos de ella, darle un sentido, darle nuestro sentido.  Y es en ese momento cuando empezamos a desarrollar nuestra espiritualidad.  Algunos utilizan para ello una religión, que puede coincidir o no con la religión en la que fueron educados, y hablan de dioses.  Otros crean su propia descripción o relato de eso que sienten superior, en una especie de religión personal ad hoc.  Y le rezan a la naturaleza, la vida, el universo, o la representación que para ellos tiene sentido.   Otros se acomodan en el no saber, sin necesidad de ponerle nombre o icono.  En todo caso, ese dios, universo o no saber va entretejido en una red de creencias también construidas para dar sentido a todo eso que se nos escapa.  Y entonces hay dioses buenos, que todo lo crean, y dioses malos, que juzgan y destruyen.  Y está la naturaleza sabia y la naturaleza traidora.  La vida maravillosa y la puta vida.  Y según sean esas creencias, así vive esa persona: con miedo, con gratitud, con confianza, con resignación, con ira…  Desde este punto de vista, la espiritualidad es mucho más que la religión, es un conjunto complejo de creencias, narrativas, sentimientos, actitudes y comportamientos.  

Aunque no suelo contar mi experiencia porque no la considero ejemplo de nada, y a pesar de que la espiritualidad es algo muy personal, en esta ocasión me apetece compartirla para explicarme mejor.  Para mí tiene sentido llamar vida a ese algo superior que decide cuándo nacemos y cuándo morimos, en qué orden nos desarrollamos, los ciclos de la naturaleza, cuándo llueve y cuándo no.  Cuando por fin me rendí a la realidad aplastante de lo incontrolable de la vida, transité el duelo y descansé.  Decidí soltar el control, entregarme a ella y dejar que trabajase a través de mí; confiar en mi capacidad para responder a lo que me trajese; reconocerme hija de la vida.    Esto es un re-aprendizaje que lleva tiempo, conciencia, dolor, amor y disciplina.  En este camino me he dado cuenta de que pelearse con la vida o intentar controlarla es agotador, es como tratar de ir contracorriente, mientras que surfearla, aun con miedo, es más fácil.  Le «rezo» a menudo.  Le pido que me ayude a sostener y digerir las cosas difíciles.  A entender y aceptar sus leyes.  A confiar en el orden que dispone.  Le agradezco las cosas bonitas.  Sabiendo que no siempre hay una razón para que ocurran, o que si la hay quizá no la llegue a comprender.  

Ahora que soy madre, me doy cuenta de que mi hija no es hija mía.  Es hija de la vida.  Que yo no soy más que la elegida para custodiar la vida de este nuevo ser, que no es de mi propiedad.  Y que este ser tendrá su propio camino, el que la vida decida.  Cada movimiento de mi hija en mi vientre hace evidente la naturaleza abrumadoramente incontrolable de la vida trabajando a través de mí.

Por supuesto, la espiritualidad no es una negación de nuestra responsabilidad.  No es una excusa para dejar que las cosas pasen sin hacer nada.  Tenemos un margen de control y maniobra.  Podemos decidir cómo responder a lo que la vida nos trae.  Podemos decidir cómo vivir la vida que nos ha tocado vivir.  Y como madres/padres tenemos la responsabilidad de cuidar a nuestros hijos y de contribuir a su desarrollo, de ayudarles a saber cómo quieren vivir su vida, de enseñarles a responder a la vida. 

Gracias por compartir!

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